La criminalística mexicana se desarrolló en el siglo XIX debido al
auge que en ese periodo cobraron las ciencias de la que se auxiliaba con
Dactiloscopia y la identificación judicial, perfeccionando sus métodos; la
toxicología ampliaba su campo de la investigación de homicidios; la balística
nació con el uso de las armas de fuego; la medicina forense nutria a los
investigadores de datos que solamente aportaban el cadáver o la persona
minuciosamente estudiados, una vez aplicada la metodología adecuada, la
química, la física y la farmacología recibieron también un auge excepcional,
entre otras especialidades.
En México, fueron los médicos forenses quienes lucharon por
establecer la criminalística, la psiquiatría forense y la criminología, como
disciplinas vinculadas a la administración de justicia y fueron los sistemas de
identificación los primeros en implantarse.
El código de procedimientos penales de 1894 dispuso que: “tan
luego como se haya dictado auto de privación preventiva contra alguna persona,
se procederá para asegurar su identificación o identidad, a retratarla y tomar
sus medidas antropométricas conforme al procedimiento de Bertillòn, cuando
quede establecido este servicio”.
El gabinete Antropométrico se inauguró el 1ro de septiembre de 1895, aunque le faltaba la ordenación de las fichas signalèticas, las cuales se conservaban en archivos comunes y corrientes, donde solo eran clasificados por orden alfabético. Dicho procedimiento se inicio en 1907 a iniciativa de Carlos Roumagnac, profesor de la escuela científica de la policía de México, quien publicaría en 1923 “Elementos de la policía Científica”, unos d ellos primeros textos sobre este tema. En 1908 Roumagnac y el Dr. Miguel Lazo, medico de la escuela correccional de mujeres propusieron establecer en México la identificación dactiloscópica de Vucetich.
El profesor Benjamín Martínez en 1920, instaló la primera oficina
de identificación dactiloscópica, estableciéndose la sección de identificación
de la jefatura de la policía, se inicia la formación de un archivo
dactiloscópico doble, por lo que se denominó Gabinete Dactiloantropometrico y
si principal misión consistía en identificar a todos los detenidos contra los
cuales se dictara auto de formal prisión y después expedir los documentos
pertinentes para agregarse al expediente penal, tal como lo ordena la ley.
En el año 1914, el dactiloscopista Luis Lugo Fernández fundo en la
ciudad de Mérida, Yucatán, la oficina de identificación, primera de su género
en el país. Posteriormente se creo el departamento de identificación Dactiloscópica,
el que fue actualizado constantemente hasta disponerse hoy de la dirección de
servicios periciales del estado.
En Jalisco, en 1931, paralelamente al distrito federal se empieza
a usar la técnica llamada “prueba de la parafina”.
La parafina es el procedimiento adoptado que se
aplica en las caras dorsales y palmares de las manos de las personas
sospechosas de haber disparado un arma de fuego, con vistas a localizar la
presencia de productos nitrados derivados de la deflagración de la pólvora.
En ese año ya se realizaban tareas relacionadas con la
criminalística, como la toma de impresiones dactiloscópicas y la elaboración de
fichas signalèticas en la dependencia policial.